Mural de Imal

EL FENOMENO DE LA COMUNICACION LINGUÍSTICA
Mural del Instituto Mexicano de la Audición y el Lenguaje

Benito Messeguer nació el 27 de octubre de 1930 en Mora de Ebro, Tarragona, España y nos dejó, mucho antes de lo que debía, el 19 de octubre de 1982. Llegó a México a los 14 años y al alcanzar la mayoría de edad, de inmediato se nacionalizó mexicano. Realizó un sinnúmero de obras de caballete, sobre todo al óleo. Destacan entre sus murales "La edad de oro" en el Casino de la Selva (1958); "Las luchas revolucionarias de México, en la Unidad Habitacional Ermita-Zaragoza (1978); "El Quijote, mensaje oportuno", en el Centro Cultural de la SHCP (1981) y "El desarrollo histórico y económico-cultural del hombre" en la Facultad de Economía de la UNAM (1983).

      En 1963 fue invitado para realizar el mural del Instituto, en el que culminó una obra que permite vivir una emoción particularmente bella, sobre todo si se conoce, así sea superficialmente, el tema que lo origina...o bien, no conociéndolo, porque su colorido, sus formas y la atracción que ejerce, incita de manera automática a investigar sobre su contenido. No se trataba para Benito de pintar por pintar; con una profunda responsabilidad hacia su arte dispuso de muchas horas de cada día de todo un año de su vida, para adentrarse, al igual que cualquiera de los alumnos del IMAL, en el tema que habría de desarrollar. Así se conjuntaron los pinceles del maestro, gratuitos, sus ayudantes y los materiales, vigas y polines, a cargo del Comité pro-Mural del IMAL, organizado por Humberto Alcocer, entusiasta y desprendido, médico y amigo, gran señor y artista también, que fusionó a Messeguer y al Instituto con lazos indestructibles de amistad. Al entrar al recinto que contiene el mural, en la parte inferior derecha, quedó plasmado el silencio, la obscuridad, la nada. Ahí están representadas las primeras palabras del Popol-Vuh, libro sagrado de los maya-quichés: "Todo era invisible. Todo estaba inmóvil en el cielo. No existía nada edificado...Entonces, vino la palabra..." Comienza a aparecer el cosmos en formación: agua, viento, arena, fuego, color, movimiento, sonido...y si hay sonido, tendrá que haber algo de alguien que lo produce y algo de alguien que lo reciba. Es así como el sonido es substancia y razón de existir, al igual que se enlaza la luz con la retina.             El mural de Benito Messeguer, hace el elogio de la función humana por excelencia, que es la palabra, fruto mágico de la audición. Y lo hace en forma tan colorida, tan elegante, tan espléndida, tan bella, tan rica y tan dinámica, que nos obliga a pensar: ¿habíamos caído en cuenta, alguna vez y antes de imaginarlo o de verlo, de toda la profundidad, de toda la hermosura que existe en la palabra palabra Apunta hacia atrás, con su mano derecha hecha luz, a lo remoto, a su pasado, a sus orígenes, a su cuna, a la prehistoria. Todo, a través de la palabra. Su mano izquierda señala al futuro y en una bella reminiscencia, apunta a la puerta por la que se accede a la biblioteca. Ahí campean la lectura y la escritura, en tanto, enfrente, ondula el triángulo de Hellwag y la ubicación de las vocales, esqueleto de la lengua.

            Humberto Alcocer transparentó al creador del mural, como persona más que como pintor, en un homenaje que se le hizo en el IMAL, unos días después de su partida prematura. Habló de su "circunstancia de niño inteligente cuando le propuse el mural", de su reciedumbre profesional al aceptar el reto y de su gran corazón, que "ante la injusticia y la prevaricación enderezaba su más violenta diatriba y ante el dolor, era el más dulce de los Franciscos". Por su parte, Margarita Nelken en su papel difícilmente igualable de crítico de arte, dijo: "Después de visitar el mural del Instituto Mexicano de la Audición y el Lenguaje se vive algo diferente... porque se tiene la sensación de haber abandonado un cilindro de sonido y de color, en movimiento". Y Antonio Rodríguez, el gran crítico de arte desaparecido hace poco, dijo que Diego Rivera, en el Instituto Nacional de     Cardiología, cuando trató el tema del fenómeno circulatorio, "...no se atreve a recrear plásticamente "el personaje" del maravilloso drama...", en tanto Messeguer "...procede al revés. En vez de relatar (..) la historia de la palabra (..), da forma plástica al proceso (..) de la audición y el lenguaje. (..) no repite (..) un mapa anatómico (sino que) reinventa el conjunto en forma pictórica (..) y presenta todo ese complicado y misterioso proceso (..) como el instrumento y signo de la superioridad del ser humano, ya que por el Verbo se comunica el hombre con su semejante, intercambia ideas, canta y expresa sus anhelos de perfección". Y agrega que si bien para el profano el mural de Messeguer puede considerarse abstracto, debe ser visto como semirrealista, "ya que maneja elementos de una realidad, poco conocida, que él agrupa de acuerdo con sus necesidades plásticas. De hecho, se trata de un campo nuevo de la realidad, hasta hoy no explorado por el arte, tan rico en sugerencias y emociones, como el más fantástico de los paisajes".

      Benito Messeguer, Director de la Escuela de Pintura y Escultura La Esmeralda y miembro del Salón de la Plástica Mexicana, en vida y al desaparecer, fue ampliamente elogiado por la comunidad cultural de México: José de Santiago, Vlady, Arturo Azuela, Francisco Moreno Capdevilla, Mario Orozco Rivera, Fanny Rabel, Arnold Belkin y muchos más. Benito sigue presente entre nosotros con su risa de niño y de campanas de Tizapán y de Tarragona.

      Para la comunidad del IMAL, en el XLV aniversario de la fundación del Instituto y en el XXX de la inauguración del mural, es muy grato reiterar su invariable postura de puertas abiertas, porque sólo visitándolo, se podrá constatar la belleza de ese mural, que refleja la del campo de trabajo que en el Instituto se cultiva.


 Los sonidos se hacen forma humana dentro de ese cataclismo constructivo: aparecen, se esfuman, resurgen, desaparecen, se hunden, se yerguen y por fin se consolidan...se ven de frente, de costado, desde atrás, ascendiendo de cabeza o de pies, pero siempre buscando lo alto (Fig. 1).

Figura 1. Los sonidos se hacen forma humana
y encuentran el tímpano que vibra.

Los huesecillos que armonizan sus movimientos coordinados y el caracol que recibe el mensaje: sonidos de forma humana; código que se crea desde la cóclea para descifrarse en lo alto (Fig. 2); lenguaje que asciende y que se reconoce en otras formas sonoras lingüísticas previamente almacenadas. El sonido adquiere sentido; sus vibraciones implican mensajes. Se nombra lo creado: nace el verbo; surge el sustantivo.

Figura 2. El caracol recibe el mensaje y el código se descifra en lo alto.

En el piso superior: el cerebro recibe vibraciones, desmenuza el código; analiza y entiende; da significado a lo que llegó desde la periferia sensorial (Fig. 3).

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Figura 3. El cerebro recibe vibraciones y desmenuza el código; analiza y entiende; da significado; comunica y crea.

El cerebro comunica y crea: del centro y hacia la izquierda, brotan los sonidos de su código, de su palabra. "...sólo un susurro fue..." dice Neruda y añade que al nacer de lo más obscuro del ser y de volar por los labios y la boca se ha hecho, como el agua "...manantial maternal de las palabras...", (Fig. 4) en una catarata eterna, inagotable, fuente de unión de una pareja, privilegiadamente humana.

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Figura 4. La palabra, "sólo un susurro fue" y se convierte en "manantial maternal de las palabras..."


Al descender las escaleras, las dos secciones del lado izquierdo del mural manifiestan el contraste que en la vida del hombre, significa el "buen o el mal uso del lenguaje". El primero está delimitado por una máscara luminosa y sonriente; el segundo, por una obscura y sombría. Son las máscaras del teatro clásico que aquí simbolizan, además, el origen de la palabra "persona", en tanto las hendeduras "per sonare", para aumentar la intensidad de la voz de los actores, son las que con y por la voz y el lenguaje, hacen nacer la idea de que somos personas porque hablamos (Fig. 5).

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Figura 5. Las máscaras del teatro clásico dan orígen a la palabra persona: somos personas porque hablamos.

En la mitad derecha, el odio, la calumnia, la maledicencia, la guerra, la muerte, el caos, la destrucción, que se enlaza con la nada que es el punto de partida de la obra (Fig. 6).

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Figura 6. La palabra “mal usada”: odio, calumnia, maledicencia, muerte…


En el extremo izquierdo, están plasmados los valores estéticos de las funciones auditiva y visual, en sublime cinestesia: la danza, alada, ligera, grácil, brotando de los escalones y flotando en el ambiente; la poesía hecha voluta, vírgula adornada que busca lo alto; la música y el canto: los niños, nuestros niños, que producen su melodía ante la mano maestra que guía (Fig. 7)...melodía que brota de sus labios...de nuevo la catarata que ahora los arropa, los cobija y los convierte en ramillete sonoro de florecillas humanas (Fig. 8).


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Figura 7. Junto a la poesía y la danza, valores estéticos de las funciones auditiva y visual, el canto que brota de la maestra y de los niños.

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Figura 8. La melodía de los niños los arropa y los convierte en ramillete sonoro de florecillas humanas.

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Figura 9. Asomándose entre las rampas de caracol de la escalera, las representaciones del grito, del dolor y de la risa.


Arriba de nuevo, en la culminación estética del mural y a través de las rampas de caracol de la escalera, están representados el dolor, la risa y el grito (Fig. 9).

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Figura 10. La pareja balanceada: el hombre apoyado en la mujer y ésta, en los canales semicirculares del sistema del equilibrio.


También está presente la pareja balanceada: el hombre apoyándose en la mujer y ésta, en los conductos semicirculares del sistema sensorial del equilibrio (Fig. 10)

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Figura 11.El hombre del futuro rodeado del movimiento sonoro que su lenguaje produce y con el que se proyecta al infinito.

y finalmente, en el centro de la "cúpula", el hombre del futuro, desatándose las alas para abrirlas a otros mundos, con la catarata de su palabra entre los labios y rodeado del movimiento sonoro que su lenguaje produce y con base en el cual se puede proyectar al infinito (Fig. 11).